
Dear Fellow Disciples, peace.
Today, on this 2nd Sunday of Easter—Divine Mercy Sunday—we are reminded of the depth of God’s love and forgiveness. In the Gospel (John 20:19-31), we see the Risen Christ appearing to His disciples, offering them peace and breathing the Holy Spirit upon them, giving them the power to forgive sins.
This is the heart of Divine Mercy: that even in our weakness, Christ meets us with peace, not condemnation.
Thomas doubted—but Jesus did not shame him. Instead, He invited Thomas to touch His wounds. This moment shows us that Christ’s mercy meets us in our doubt, in our fear, in our brokenness. His wounds are not hidden—they are the source of our healing.
Today, Jesus invites each of us to experience His mercy in a personal way. As we reflect on His forgiveness, let us extend that same mercy to others. The more we receive His mercy, the more we are called to be instruments of it in the world.
Let us echo the words of St. Faustina and make them our own: “Jesus, I trust in You.”
May the Holy Spirit whom Jesus gives to His disciples today, the Spirit of mercy, help us to be merciful, because the merciful will find mercy.
Let us also pray for the repose of our late Holy Father Pope Francis. May his soul rest in peace.
God Bless,
Fr. Chris
Queridos Discípulos, paz.
Hoy, en este segundo domingo de Pascua, el Domingo de la Divina Misericordia, recordamos la profundidad del amor y el perdón de Dios. En el Evangelio (Juan 20,19-31), vemos a Cristo Resucitado apareciéndose a sus discípulos, ofreciéndoles paz y soplando sobre ellos el Espíritu Santo, dándoles el poder de perdonar los pecados. Este es el corazón de la Divina Misericordia: que incluso en nuestra debilidad, Cristo nos encuentre con paz, no con condenación.
Tomás dudó, pero Jesús no lo avergonzó. En cambio, invitó a Tomás a tocar Sus heridas. Este momento nos muestra que la misericordia de Cristo nos encuentra en nuestra duda, en nuestro miedo, en nuestro quebrantamiento. Sus heridas no están ocultas: son la fuente de nuestra curación.
Hoy Jesús nos invita a cada uno de nosotros a experimentar su misericordia de manera personal. Mientras reflexionamos sobre Su perdón, extendamos esa misma misericordia a los demás. Cuanto más recibimos su misericordia, más somos llamados a ser instrumentos de ella en el mundo.
Hagamos eco de las palabras de Santa Faustina y hagámoslas nuestras: “Jesús, en Ti confío.”
Que el Espíritu Santo, que Jesús da hoy a sus discípulos, el Espíritu de misericordia, nos ayude a ser misericordiosos, porque los misericordiosos encontrarán misericordia.
Oremos también por el descanso de nuestro difunto Santo Padre, el Papa Francisco. Que su alma descanse en paz.
Dios les bendiga.
P. Chris
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